Archivo mensual: octubre 2010

¿A ti qué te parece el cambio de hora?

Esta noche nos ha tocado de nuevo manipular las manecillas del reloj. Como cada otoño hemos retrasado una hora a nuestro reloj, de manera que a las 3 am volvían a ser las 2 am. En España llevamos años repitiendo esta acción dos veces al año: una en primavera, y la otra en otoño. La razón, supuestamente, es el ahorro energético, pero ya son muchos los que relacionan esta práctica con términos como “inercia”, “tradición” y “rito”.

Y es que cada vez hay más dudas en cuanto a la efectividad y utilidad del cambio horario. La Red Eléctrica Española habla de un ahorro energético de entre el 0,1 y el 0,5 por ciento. En Galicia, por ejemplo, creo que es uno de los lugares del país en el que menos se ahorra, puesto que por su situación, al hacer el cambio a la misma hora que otras comunidades como Madrid o Valencia, el ahorro que se produce es casi insignificante.

Es cierto que, con este cambio, por las mañanas tendremos más luz y, a lo mejor, no tendremos que encender la luz hasta tan tarde como lo hemos tenido que hacer estas mañanas pasadas (que hasta casi las 8.30 am no amanecía), pero después, por la tarde, tendremos que encender la luz desde las 6 pm. O sea, ¿que lo que no gastamos por la mañana lo gastamos por la tarde?

Mi opinión está un poco dividida porque me acuerdo que el año pasado, cuando estaba en Costa Rica, muchas veces vi un error que ellos no cambiaran la hora porque antes de las 6 de la mañana ya era de día, pero después, a las 6 de la tarde, ya era de noche, y noche cerrada. Y daba pena que siendo verano, un tiempo increíble, se te acabara el día tan pronto. Aunque también es verdad que ellos tienen, más o menos, amoldados sus horarios a la luz, es decir, que la mayoría entra a trabajar a las 8am, los niños van al cole a las 7.30-8, y después se les acaba el día antes, sobre las 5pm. Aquí, porque amanece más tarde, los trabajos suelen empezar más tarde (9-10).

Sin embargo, como esto del cambio de hora es como una especie de jet-lag, muchos médicos han afirmado que esta alteración del reloj, aunque en este caso sólo es de una hora, provoca una agresión al organismo. Dicen que se puede sufrir ansiedad, trastornos del sueño y de la alimentación, falta de concentración, irritabilidad, entre otros muchos síntomas. Así que si hoy estamos más secos, irascibles y atontados, pensad que es por el cambio de las agujas del reloj.

¿Qué pensáis? ¿El cambio de hora es bueno o no?

 

Fuentes: EP, El País, Microsiervos


¡Bon Jovi viene a Madrid!

Mañana, 27 de octubre, salen a la venta las entradas para el concierto de Bon Jovi! Sí, la mítica banda de Nueva Jersey vuelve a Madrid el día 6 de noviembre y ofrecerá un concierto en el Teatro Circo Price. Debe de ser que quedaron encantados con la acogida que se les dio cuando estuvieron en junio en el Rock in Rio, y ya que el lunes 7 venían a los Premios MTV han decidido aprovechar y dar un concierto en la capital.

Yo ese concierto del Rock in Rio lo vi desde casa y todavía recuerdo la envidia que me dio toda esa gente que estaba viendo en vivo la actuación de temazos como Livin’ on a prayer o In these arms. En ese momento dije: “la próxima vez que vengan no me lo pierdo”. Y por eso espero que así sea y pueda estar en el Circo Price el 6 de noviembre.

Los últimos años de Bon Jovi no los he vivido mucho, y el cambio que dieron con álbumes como Bounce, Have a nice day o Lost highway no me gustó mucho.

Sin embargo, tengo que decir que Bon Jovi es uno de los primeros grupos que me empezó a interesar cuando era bien pequeña. You give love a bad name, These Days, Someday I’ll be Saturday night son algunos de los títulos que yo no paraba de escuchar en mi radiocassette  y en mi walkman.

No sabía ni lo que decían, y de vez en cuando avasallaba a mi padre con ¿”qué significa ‘ain’t’…”?, ¿”qué significa ‘highway’…”?… y eso era cuando me daba por mirar el librito de las letras. No siempre lo hacía, pero me sabía todas las canciones, aunque no las letras, claro.

“Si ses güi gara jol on to guat güi gat”, era mi interpretación de “she says we’ve got to hold on to what we’ve got”.

O también el famoso estribillo… “Ohhh, güi gei güey deer, ooh, livin on a preyer…”, que en realidad decía: “Ohhh, we’re half way there, whoa-oh, livin’ on a prayer…”

Cuántas veces las habré cantado en mi habitación, o saltando en un bar con amigos, o simplemente en mi cabeza. Y lo mejor de todo es que siempre he tenido la misma sensación: ¡euforia, fuerza, subidón!

Por eso, porque son Bon Jovi, tengo muy claro de que les quiero ver en directo, al menos, una vez en la vida.

Bajo del mar…

¡Qué razón tenía Sebastián! ¡El mundo que hay debajo del mar no tiene comparación!

Y esto lo digo como Open Water Diver (:-) jeje). Muchas veces tenemos ideas equivocadas de las cosas antes de probarlas. Yo no es que las tuviera en este caso, ni mucho menos, pero sí que justo antes de hacer mi primera inmersión me entró una especie de respeto-miedillo por la incertidumbre de lo que me iba a encontrar. ¿Y si de repente me agobio y estoy a mil metros de la superficie? ¿Estará muy oscuro ahí abajo? ¿Y si no sé compensar la presión y me hago daño en los oídos? Lo típico, vamos. Pero todo eso desaparece en cuanto te sumerges y observas ese otro mundo que hay debajo del nuestro.

Montañitas, arcos, llanuras… ¡vida! Sabemos que hay todo eso debajo de la superficie, pero impresiona mucho verlo. Una lancha o zódiac te lleva a toda velocidad rumbo al interior. Te vas alejando de la orilla, cada vez más, hasta que al final llegas a tu destino. Estás debajo del peñón de Ifach, en Calpe, rodeada de agua por todas partes, ¡y toca saltar al agua!

Chaleco, Plomos, Tiras, Aire, Ok (Cada Persona Trabaja Ayudando a Otra)

Con el equipo puesto y revisado, esperando para descender, miras hacia abajo y, de pronto, te ves como subido ¡en lo alto de un edificio o de un precipicio! Estás suspendida, flotando en el agua, y no te puedes caer, pero lo que tienes delante es un vacío enorme.

Ahí abajo todo es paz y tranquilidad, lo único que escuchas es tu respiración y las burbujitas que salen de tu regulador. A 15 metros sigue habiendo muchísima luz, parece como si la superficie estuviera mucho más cerca de lo que está, y no hay ningún tipo de agobio. Al principio te sobrecoge pensar que vas a estar en medio del mar, pero ahí abajo no tienes esa sensación, no hay estrés, ¡todo es perfecto!

Eres uno más, eso sí, eres la especie más equipada. Te mueves con tus aletas admirando todo lo que hay a tu alrededor y un pececillo que pasa por ahí te mira extrañado como diciendo “¡qué raro eres!, ¿qué llevas puesto?”. Y tiene razón, él va así tan ligerito, mientras que nosotros tenemos que llevar todo eso a cuestas para poder visitar su espacio.

La visita no dura mucho; al fin y al cabo, nosotros no estamos hechos para el medio submarino, pero cuando sales lo que tienes claro es que quieres volver, ¡y muy pronto! Los que llevan mucho tiempo en esto dicen que engancha, y me lo creo. A los que no lo han probado, ¡que lo prueben!

¡¡Vuelven las marionetas!!

Antes, en generaciones pasadas, parecía que los muñecos y los dibujos animados eran sólo para niños. Pero eso ha cambiado, a los adultos también les gusta este género, quieren ir al cine a ver Shrek y Toy Story 3, y por eso cada vez más se han ido creando contenidos animados para los mayores, que disfrutan con estas películas y con series como Los Simpsons, Padre de Familia o Futurama.

Además, ahora, a parte del cine y de la televisión, el teatro se ha sumado a esta causa, y el ejemplo más claro es Avenue Q, la versión adulta de Barrio Sésamo que se ha estrenado este mes de septiembre en Madrid.

Los protagonistas: las marionetas

Los muñecos tienen un parecido muy razonable con los del famoso programa infantil. En vez de Epi y Blas, en Avenue Q viven Nicky y Rod; y, en lugar de El monstruo de las galletas, está Trekkie Monster, otro obsesionado, pero, en este caso, no con las galletas, sino con el porno.

Otro de los protas es Princeton, un universitario que acaba de terminar la carrera y llega a Nueva York para intentar empezar su recién estrenada vida de adulto. No tiene un duro y, por eso, aunque en Nueva York, se va a buscar piso a Avenue Q, un barrio en el que los precios de los alquileres son más asequibles porque está un poco alejado del centro (lejísimos, más bien).

Kate Monster es un adorable profesora que no ha encontrado todavía el amor, pero con la llegada de Princeton se le encenderá la llama.

Por su parte, Rod es un gay que no ha salido del armario; y Nicky es su compañero de piso.

Además, a ellos les acompañan en el vecindario una terapeuta japonesa un tanto frustrada, su futuro marido que se acaba de quedar en paro con treinta y pico, y  un niño prodigio de la televisión americana (Gary Coleman, el protagonista de la serie “Arnold”) que ahora es el portero del edificio de Avenue Q.

Cada uno tiene su historia, su sueño, todavía por cumplir.

¿De qué va?

La obra habla en general de lo duro que es hacerse adulto. Cuando estamos en el instituto y en la universidad queremos hacernos mayores, ansiamos ser adultos y soñamos con una vida idílica que creemos que llevan los que no tienen que ir a clase a escuchar al profesor y tienen su trabajo y su dinero propio. Pero cuando acabas esa etapa y te introduces en la de la vida adulta, muy pronto descubres que aquella, en la que eras un chaval, era la más feliz.

En un principio, según los creadores, Avenue Q era para aquellos que estaban a punto de cumplir los 30 años y estaban intentando encontrar su sitio en la vida. De repente, de un día para otro, pasas de ser estudiante a ser adulto, a tener que buscar un trabajo, pagar tus gastos, etc.

Pero más tarde descubrieron que había muchos adultos, gente mayor, que todavía no había encontrado su lugar en la vida.

Con esta canción arranca el musical:

“Qué voy a hacer con mi licenciatura, no sé qué rumbo escoger.

Años de esfuerzo y conocimientos me han dado este inútil papel (refiriéndose al diploma o título)

Lo enseño y no cuenta, no tengo experiencia, y al mundo me debo enfrentar”.

Aquí podéis ver el vídeo:

Un 10 a los actores

Las marionetas son perfectas, pero su manipulación por parte de los actores es magistral. De verdad parece que son los propios muñecos los que hablan y cantan, parece que se mueven por sí mismos. Además, hay tres actores que doblan marioneta, es decir, que son tres actores los que mueven y representan a las seis marionetas protagonistas, con lo que ello implica (hacer cambios de voz, saberse los movimientos, todo).

Según dijeron al final de la obra (no sé si por ir el primer fin de semana -no creo que lo hagan siempre-, los actores y el creador de la historia, Jeff Marx, mantuvieron una charla con el público al acabar la representación :)) fue para ellos un trabajo muy duro de varios meses, ya que ninguno había manipulado nunca marionetas; y, al parecer, es bastante complicado porque son duras y hay que utilizar la técnica adecuada para no hacerte daño en los dedos. El resultado final es brillante, marioneta y actor/actriz se convierten en uno solo.

Para terminar, y según la idea de Avenue Q, al final, lo más importante es que disfrutemos de cada instante, carpe diem, y no estemos siempre lamentándonos por no estar en etapas de nuestras vidas pasadas o futuras. Hay que vivir el momento, intentando ser feliz siendo como somos y con lo que tenemos. Si siempre estamos pensando en “si hubiera hecho…”, “cuando yo estaba/era…”, “cuando sea…”, al final desperdiciamos  muchos momentos de nuestra vida.

Fotos: ABC, todosalteatro.com