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Bajo del mar…

¡Qué razón tenía Sebastián! ¡El mundo que hay debajo del mar no tiene comparación!

Y esto lo digo como Open Water Diver (:-) jeje). Muchas veces tenemos ideas equivocadas de las cosas antes de probarlas. Yo no es que las tuviera en este caso, ni mucho menos, pero sí que justo antes de hacer mi primera inmersión me entró una especie de respeto-miedillo por la incertidumbre de lo que me iba a encontrar. ¿Y si de repente me agobio y estoy a mil metros de la superficie? ¿Estará muy oscuro ahí abajo? ¿Y si no sé compensar la presión y me hago daño en los oídos? Lo típico, vamos. Pero todo eso desaparece en cuanto te sumerges y observas ese otro mundo que hay debajo del nuestro.

Montañitas, arcos, llanuras… ¡vida! Sabemos que hay todo eso debajo de la superficie, pero impresiona mucho verlo. Una lancha o zódiac te lleva a toda velocidad rumbo al interior. Te vas alejando de la orilla, cada vez más, hasta que al final llegas a tu destino. Estás debajo del peñón de Ifach, en Calpe, rodeada de agua por todas partes, ¡y toca saltar al agua!

Chaleco, Plomos, Tiras, Aire, Ok (Cada Persona Trabaja Ayudando a Otra)

Con el equipo puesto y revisado, esperando para descender, miras hacia abajo y, de pronto, te ves como subido ¡en lo alto de un edificio o de un precipicio! Estás suspendida, flotando en el agua, y no te puedes caer, pero lo que tienes delante es un vacío enorme.

Ahí abajo todo es paz y tranquilidad, lo único que escuchas es tu respiración y las burbujitas que salen de tu regulador. A 15 metros sigue habiendo muchísima luz, parece como si la superficie estuviera mucho más cerca de lo que está, y no hay ningún tipo de agobio. Al principio te sobrecoge pensar que vas a estar en medio del mar, pero ahí abajo no tienes esa sensación, no hay estrés, ¡todo es perfecto!

Eres uno más, eso sí, eres la especie más equipada. Te mueves con tus aletas admirando todo lo que hay a tu alrededor y un pececillo que pasa por ahí te mira extrañado como diciendo “¡qué raro eres!, ¿qué llevas puesto?”. Y tiene razón, él va así tan ligerito, mientras que nosotros tenemos que llevar todo eso a cuestas para poder visitar su espacio.

La visita no dura mucho; al fin y al cabo, nosotros no estamos hechos para el medio submarino, pero cuando sales lo que tienes claro es que quieres volver, ¡y muy pronto! Los que llevan mucho tiempo en esto dicen que engancha, y me lo creo. A los que no lo han probado, ¡que lo prueben!

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