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¿Qué tienen esos regalitos publicitarios?

A todos les vuelven locos. Da igual, sea lo que sea, todo el mundo quiere uno. Y si pueden ser varios, mejor, claro. Un boli, un cuadernito, unos lapiceros enanos tipo IKEA, una bolsa de tela, o hasta una cinta de esas para colgar las acreditaciones o el móvil, pero que luego no las usas para nada y se te acumulan mil en casa! Da igual, porque te salieron gratis. Gratis, ése es el quid de la cuestión, ¿no? Si no, no lo entiendo.

Yo soy la primera a la que le encantan esos bolis de publicidad. Siempre digo que pintan mejor que cualquier otro boli, y es verdad, así que si me regalan uno, encantada. Ahora, de ahí a mendigarlos… Es que es muy curioso ver cómo gente con un nivel económico bueno, aceptable, se arrastra por conseguir un simple boli o algo que ni siquiera sabe lo que es, pero que lo quiere. Va vestido con un polo de Ralph Lauren o lleva un vestidito de Custo, pero quiere la camiseta cutre XXL con el logo de la empresa. A veces piensas, ¿es que no tienen dinero para comprárselo? ¿O es que tengas el nivel económico que tengas, lo gratis es gratis y hace ilusión poder llevarse cosas gratis a casa?

Ante un mostrador, por ejemplo, la actitud primera de la gente es pasar, casi incluso sin saludar. “No tengo nada que decir”, “voy a mi bola”, “no me apetece que me suelten ninguna chapa”, “no quiero comprar nada, ni suscribirme, ni que me manden nada al correo”. ¿Pero qué ocurre cuando, de repente, de lejos, en ese mostrador tan temible, ve que dan un regalo? Que pasan de no querer dar nada (ni un simple saludo) a querer darte la vida si fuese necesario con tal de conseguir ese regalito promocional. Sus pensamientos cambian a “¿qué tengo que hacer para que me des uno de esos?” Es en ese momento cuando te das cuenta de la insignificancia y simpleza del hombre (“hombre” genérico, ¿eh?, del ser humano, tanto hombre como mujer), de su debilidad y su flaqueza, de su desesperación y de su afán de posesión y  aprovechamiento. Ves en sus ojos el nerviosismo y, minutos después, la alegría y relajación cuando finalmente se ha podido hacer con un cacharro que no va a utilizar nunca. Pero lo tiene en sus manos, ¡ya es suyo!

Lo que no piensa es que por ese trofeo, por ese boli, por ese segundo cuadernito que ha pedido o por el regalo final, ha dejado atrás esos principios con los que él iba tan airoso antes de ver el regalo, y al final ha dado su correo electrónico, sus teléfonos, dirección y ha dicho que, por favor, le avisaran de todo (sobre todo si va a haber nuevos regalos).

 

Cabréate contra el hambre

Mientras tú y yo estamos aquí sentados, en casa, en el trabajo, haciendo nuestras cosas, hay mil millones de personas que pasan hambre en el mundo. Con esto no quiero decir que haya que martirizarse ni dejar de comer en señal de solidaridad, pero sí deberíamos rebelarnos y enfadarnos contra esta terrible situación. Éste es el llamamiento que hace la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) con su campaña Mil millones de hambrientos, en la que han participado actores como Jeremy Irons, y deportistas como el futbolista del Real Madrid, Raúl, y el atleta Carl Lewis.

Con un silbato amarillo como apóstrofo, la campaña utiliza este icono para animar a la gente a hacerlo sonar contra el hambre y, además, apela a los gobiernos a que conviertan la erradicación del hambre en su principal prioridad.

Como señalaba el director general de la FAO, Jacques Diouf, en un vídeo del proyecto, “una persona hambrienta es una persona enfadada. El hecho indignante de que otros seres humanos continúen padeciendo hambre debería también enfadarnos profundamente. Si os sentís así, quiero que descarguéis vuestra rabia todos vosotros, ricos y pobres, jóvenes y ancianos, de países en desarrollo y desarrollados”.

La FAO aseguró que de los cerca de 1.000 millones de personas que pasan hambre en el mundo, 642 millones viven en Asia y Oceanía, 265 millones en África subsahariana, 53 millones en América latina y el Caribe, 42 millones en Oriente Próximo y norte de África y 15 millones en los países desarrollados. Es demasiado, ¿no crees?

La campaña lanzada por la organización cuenta con la web http://www.1billionhungry.org/, donde puedes firmar la petición para presionar a los políticos a que pongan fin al hambre. También tienen página en Facebook y un canal en YouTube.

Aquí dejo el vídeo de Jeremy Irons.