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Volviendo a casa…

Como cada día, el autobús va lleno de gente. Unos vuelven del trabajo, otros de clase, otros del médico…cada uno tiene su historia, y su vida, aunque no lo parezca. Si te fijas, parecen seres sin vida, autómatas. Unos van leyendo, otros escuchando música o la radio. También hay quien va durmiendo, cansado después de un duro y largo día de trabajo.

En general, todo está en silencio. Sólo éste se altera por el ruido del motor o por la conversación que mantiene alguien por el móvil. Pero nadie habla, a pesar de estar sentados a escasos centímetros unos de otros.

Sin embargo, todo cambia cuando surge algún imprevisto. Algo que les hace despertar. De repente, parece como si estuvieran vivos.  Con esto me refiero a esos momentos fortuitos en los que el autobús frena bruscamente , el conductor toca el claxon, se forma un inesperado atasco, la guardia civil corta el tráfico para hacer un control…o un viajero recrimina algo al conductor.

Es en ese preciso momento se produce un pequeño silencio -mayor aún del que ya habitaba en en el pasillo del autobús- para dar paso rápidamente al revivir de los viajeros, deseosos en ese momento de socializarse. Ya nadie recuerda ese silencio, ni le presta atención a su libro, ni al 20minutos, ni al boletín informativo de la radio ni, por supuesto, a las últimas canciones añadidas en su ipod.

Hasta ese momento habían ignorado por completo a quien se sentaba a su lado. No se habían fijado ni en su cara, ni en si era hombre o mujer, nada. Pero ese hecho inesperado da pie a que comiencen a hablar unos con otros, se entrometan airadamente en la discusión, se cuenten sus historias pasadas, ese momento en el que a él o ella le ocurrió lo mismo y cómo solventó la situación. Unos se alían en contra de otros, crece el griterío, se oyen frases como “este mundo es un caos”.

¿Quién se acuerda del silencio?

Al final, los que comenzaron siendo completos desconocidos y viajeros ignorados se bajan despidiéndose de sus camaradas. Y todo, ¿por qué? Porque un señor cogió el bus equivocado y no se pudo bajar en la parada que quería.